Resumen ejecutivo
Son cuatro casos: chatbots que hablan con personas, contenido sintético de imagen, audio o vídeo, deepfakes, y textos de interés público publicados sin revisión humana.
No hay que declarar un correo que revisas y firmas, un presupuesto, un informe interno, un resumen de reunión ni una traducción.
La regla que resuelve el 90 % de las dudas: lo que decide no es si intervino una IA, sino si una persona lo revisó antes de salir.
De las dos obligaciones del AI Act que ya se aplican, la de transparencia es la que genera más confusión — y la que más gente cumple de más, poniendo avisos donde no hacen falta.
La confusión viene de una idea intuitiva pero equivocada: que si una IA ha intervenido, hay que decirlo. No es así. El reglamento no persigue la intervención de la IA: persigue que a una persona le hagan pasar por humano algo que no lo es, o que consuma información sin saber de dónde viene.
Con esa idea en la cabeza, los cuatro casos se entienden solos.
Etiquetar, primero: qué significa y qué no
Etiquetar es avisar dentro del propio contenido de que ahí ha intervenido una inteligencia artificial. Nada más.
Y conviene quitar de la mesa tres cosas que mucha gente da por hechas y que no existen: no hay formulario que rellenar, ni registro donde apuntarse, ni sello que sacarse. No hay ninguna administración esperando un documento tuyo. La obligación se cumple poniendo el aviso donde toca.
Tampoco existe un formato oficial obligatorio. No hay un logotipo europeo de "hecho con IA" que tengas que usar. Lo que se pide es que el aviso sea claro y visible para quien consume el contenido, no que use unas palabras exactas.
Los cuatro casos
1 · Chatbots y asistentes que hablan con personas
En tu día a día: el chat de tu web, un bot que responde por WhatsApp, un asistente en el área de clientes.
Qué haces: que la persona sepa que habla con una IA antes de empezar a contarle cosas. Una línea al abrir la conversación basta.
Cuándo no aplica: si al otro lado contesta alguien de tu equipo. Un chat atendido por personas no es un chatbot, aunque el widget se parezca.
Es el caso más frecuente en una pyme española, y también el más fácil de resolver: se arregla escribiendo una frase en el saludo del chat. Si tienes chat con IA en la web, empieza por aquí.
2 · Imágenes, audio o vídeo generados
En tu día a día: la imagen que ilustra un post, una locución para un vídeo, una animación hecha con IA.
Qué haces: que quede indicado que ese contenido está generado.
Cuándo no aplica: una foto real de tu equipo o de tu producto, aunque le hayas ajustado el color o recortado el encuadre, sigue siendo una foto real. Editar no es generar.
Aquí el criterio práctico es sencillo: ¿existió delante de una cámara? Si sí, es material auténtico. Si la imagen nació dentro de un modelo, está generada.
3 · Deepfakes
Qué es: usar la cara o la voz de una persona real, generadas o imitadas por IA.
En una pyme: casi nunca pasa. Si hacéis vídeo con voces clonadas o con la imagen de alguien, mirad esto con calma.
Qué haces: dejar claro que ese material está generado.
Es el caso más serio de los cuatro en términos de daño potencial, y a la vez el que menos aparece en el trabajo normal de una empresa. Si no clonas voces ni caras, puedes pasar de largo.
4 · Textos de interés público sin revisar
Qué es: publicar información de interés público redactada por IA sin que la lea una persona.
El malentendido: es el caso que más gente cree que le aplica y que casi nunca le aplica. Un artículo de tu blog sobre tu producto no es información de interés público.
Qué haces: o lo revisa una persona —y entonces no hay nada que declarar— o se indica que está generado.
Las dos palabras que hacen todo el trabajo aquí son "interés público" y "sin revisar". Quita cualquiera de las dos y el caso deja de aplicar.
Lo que NO hay que etiquetar
Esta lista ahorra más trabajo que ninguna otra cosa de este artículo. No hay que declarar:
- Un correo que tú revisas y firmas.
- Un presupuesto.
- Un informe interno.
- Un resumen de reunión.
- Una traducción.
Es decir: prácticamente todo el uso de IA que hace una empresa normal en un día normal.
La regla que resuelve el 90 % de las dudas
Lo que decide no es si ha intervenido una IA. Es si una persona lo ha revisado antes de salir.
Si alguien lo lee, lo corrige y pone su nombre debajo, eso es trabajo tuyo — con IA de por medio o sin ella. La firma humana es lo que convierte un texto generado en un texto tuyo.
Esta regla tiene una consecuencia que conviene ver, porque cambia las prioridades: si formas a tu equipo para que revise bien, la obligación de etiquetar casi desaparece sola. Las dos obligaciones del AI Act no son independientes; la segunda desactiva buena parte de la primera. Lo desarrollamos en la obligación de formación en IA.
La zona gris, que existe
Sería deshonesto vender esto como una frontera nítida. No lo es.
Un texto que la IA escribe y tú apenas tocas no es lo mismo que uno que reescribes de arriba abajo. La raya depende de cuánto revisas de verdad y de dónde se publica. Y en el medio hay casos que admiten discusión — un post de redes redactado por IA y aprobado de un vistazo, por ejemplo.
Lo que sí puedes hacer, y es lo que recomendamos: decidir tu criterio una vez, escribirlo, y aplicarlo siempre igual.
Un criterio escrito responde tres preguntas:
- Qué se considera "revisado" en tu empresa. ¿Leerlo? ¿Corregirlo? ¿Comprobar los datos?
- Quién firma cada tipo de contenido.
- Qué se declara aunque no sea obligatorio, por política propia.
Eso vale más que una interpretación perfecta. Si algún día hay que explicar por qué hiciste lo que hiciste, un criterio escrito y consistente es una defensa. Decidir a ojo cada vez, no.
El error de etiquetar de más
Terminamos con una advertencia que casi nadie hace, porque va contra el instinto de curarse en salud.
Poner el aviso de "generado con IA" en todo lo que toca una IA tiene coste. Dos, en realidad.
El primero es de credibilidad: si etiquetas tu propio informe, tu presupuesto y tu correo, estás diciéndole al cliente que tu trabajo no es tuyo. No lo es en el sentido literal —la IA ayudó— pero sí en el que importa: lo revisaste, lo corregiste y respondes de él.
El segundo es de eficacia. Si todo lleva aviso, el aviso deja de significar nada. Los cuatro casos que sí importan —el chatbot, el contenido sintético, el deepfake, el texto sin revisar— se diluyen en el ruido de los avisos innecesarios.
Etiquetar donde toca, y solo donde toca, no es escatimar cumplimiento. Es hacerlo bien.
Si quieres el cuadro completo —las dos obligaciones, el calendario y las multas reales— está en la guía del AI Act para empresas. Y si lo que te preocupa es la cifra de la sanción, conviene leer por qué la multa de 35 millones casi nunca es la tuya.
Resumen informativo a fecha de publicación. No es asesoramiento jurídico.
Descarga gratis: Guía del AI Act para empresas
Los cuatro casos de etiquetado, la lista de lo que no hay que declarar y el calendario real, en PDF. Sin formulario y sin dejar tus datos.
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Preguntas frecuentes
¿Tengo que poner un aviso en todos los textos que escribo con ayuda de IA?
No. Solo si se trata de información de interés público publicada sin que la lea una persona. Si tú revisas el texto, lo corriges y lo firmas, no hay nada que declarar, y eso cubre la mayoría del trabajo de oficina: correos, presupuestos, informes, resúmenes y traducciones.
¿Cómo se etiqueta exactamente? ¿Hay un formato oficial?
No hay un formato único obligatorio ni un logotipo oficial que haya que usar. Lo que se pide es que el aviso sea claro y esté donde la persona lo va a ver: una línea al abrir un chat, una nota junto a una imagen generada, una mención en la descripción de un vídeo. Lo importante es que se entienda, no que use unas palabras concretas.
Si edito una foto real con IA, ¿tengo que etiquetarla?
Una foto real de tu equipo o de tu producto sigue siendo una foto real aunque le ajustes el color, el encuadre o la luz. Editar no es generar. La obligación apunta al contenido creado por la IA, no al retoque de material auténtico.
¿Y si uso IA para traducir la web de mi empresa?
Una traducción está en la lista de lo que no hay que declarar. Dicho eso, si es contenido publicado conviene que alguien la revise antes, no por el AI Act sino porque una traducción automática sin revisar en tu web es un riesgo comercial por sí sola.